domingo, 13 de febrero de 2011

El Hombre y La Dama en diacronía sincronizada



Un círculo megalítico te envuelve, sin marginarte a mis ojos.
Te encuentro ahí dentro, inamovible con una vasija en tus manos
vertiendo agua dentro y fuera de ti, vestida con un ropaje místico
que amolda tu figura, congenia con tu rostro y exterioriza la mas sutil belleza de tu interior.


El agua que te rodea baila con el movimiento de tus ojos
como si la controlaras a voluntad.
Quedo encandilado ante tal energía y sediento,
sin siquiera esta sed poder saciar.

Disfruto del placer de sólo mirarte y verte envuelta en tu propio arte,
aunque el círculo está exento a mí, como si de una barrera se tratase.
Te contemplo en contraste con la noche estrellada
y el valle de ensueño que ningún otro podría haber imaginado.


Pero cae en mi una realidad que difiere de mis expectativas.
Te precede una perfección, una frialdad que se exterioriza
como si te convirtieses en una estatua dentro de tu fuente
estática, dejandote dura,fría,inerte.

Y no me resta más que hacer caso omiso a esto.
 El Hombre Planetario en mí no abarca la totalidad
del mundo al que vos te recluís.

Entre una lágrima y una moneda arrojada
que rebalsa el círculo... deseo en algún momento...
que vuelva a circular esa fluidez tan característica
como la que vertías de la vasija. Y que la fuente se llene de expectativas,
de nuevos afluentes,aunque yo quede al margen de ello.

Te digo adiós, Dama de las aguas danzantes...
...Siempre estaré sobrevolando tu cielo
por más que parezca invisible...



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